Aplaudo a El PaÃs: publica la réplica de John McCain
La verdad es que, tras ver algún que otro triste por sonrojante ejemplo de abrogación de periodismo serio (como aquel que se lanza de lleno a una piscina llenada de tÃteres de campaña y feligreses de una secta para subnormales), casi me sorprende que El PaÃs efectivamente es, pues eso: un periódico con sentido de responsabilidad de informar.
Muy penosamente, The New York Times rechazó publicar un artÃculo firmado por John McCain, en respuesta a otro publicado antes con la firma de Barack Obama. En lugar de dejarle el hueco, si acaso con un comentario paralelo que le critique por donde estimen oportuno, fueron tan lejos como descalificar el artÃculo de McCain, bajo el sonrojante pretexto que “no hacÃa juego” con el de Obama. Una descalificación que más que oler, apesta a una decisión movida por intereses de preferencia a un candidato.
Si bien soy de la peculiar opinión contraria - a mÃ, Obama me parece más de lo mismo presentado con la añadida y vergonzante desfachatez de sugerir ser agente de un “cambio” donde en realidad se queda en eso, una mera sugerencia - lo que no me parece de recibo es que se tercie como periódico por cualquiera de dos candidatos serios a la presidencia en su obligación de informar, negando una razonable oportunidad de una réplica al otro, cuando anteriormente se haya concedido a uno el espacio para vender su gaita particular.
Como si de un concierto de artistas menores se tratara, la redacción del New York Times alternó su papel de editor con aquel de censor. Si de veras están tan convencidos que el artÃculo de McCain es una castaña infumable pues ¡que sea el propio lector quien compruebe tal extremo!
El caso es que, curiosamente, El PaÃs - socio editorial del New York Times, con quien edita la versión en inglés del diario madrileño - optó por reproducir la traducción Ãntegra al español del artÃculo de McCain que el New York Times en su presuntuosa y escandalosa arrogancia rechazó.
Me parece que El PaÃs acaba de darle una clarÃsima lección de periodismo al New York Times: ofrece la información, haz los apuntes que se considere oportunos, y que el lector te acompañe.
Personalmente, me parece que el argumentario que McCain emplea en su artÃculo no contiene en absoluto nada que se merezca tal mutilación del diálogo público que, supongo, en términos generales persigue el diario neoyorquino, más aún sobre un tema tan importante en la polÃtica exterior de los EE.UU. como es la visión sobre la situación en Iraq. Es más: recomiendo leerlo, ya que creo que corta madera.
Me parece absolutamente mezquino, una auténtica felonÃa que el New York Times se haya atribuido el papel de censor; aquà cabe una rectificación como un camión. No serÃa la primera vez que el periódico se ve obligado a retractarse públicamente de una tremenda metedura de pata: desde casos de plagio, hasta algo mucho más grave, como es (para más inri) la actitud editorial claudicante y amilanada, si no arrodillada ante la decisión de Bush de, precisamente, invadir Iraq sin hacer preguntas delicadas - como por ejemplo, que se de una justificación bien fundada para tal enormidad. Una actitud arrodillada que, lamentablemente, fue adoptada por demasiadas personas, en un quizá entendible pero no obstante injustificable intento de no zarandear el barco de la polÃtica interior, en un paÃs traumatizado por los actos terroristas del 11-S.
De haber sido el New York Times un poco más periódico y bastante menos panfleto propagandÃstico para los discursos ventados desde la Casa Blanca, posiblemente no tendrÃa motivos para publicar ningún artÃculo de un presidenciable sobre Iraq.
Esa perversión de negar la función elemental de periodismo serio no se puede tapar con un rebuscado pretexto de supuestos criterios de “calidad”, cuando las pruebas mostradas al público en sus páginas lo desmienten. Al igual que entre los cargos electos que representan en sus funciones gubernamentales al electorado, cabe ampliar el alcance de la luz del dÃa, con una predisposición un poco más neutral de verdad al ofrecer las dos versiones, Ãntegramente y en igualdad de condiciones, para asà moralmente ganarse el espacio de autoridad al compaginar el texto en cuestión de los candidatos con el comentario que se considere pertinente.
Lo que ha hecho el New York Times es, para mÃ, un acto escandaloso de intromisión - más aún porque el periódico se negó a entrar en la evidente e inevitable polémica siguiente.
Por todo esto, más la consideración al principio, me parece que El PaÃs ha hecho lo que el New York Times debió haber hecho: corregir el error, y de paso darles una merecida clase de periodismo.
Como corresponde a un periódico de prestigio con un correspondiente nivel de respetabilidad.
Ahà va mi aplauso al equipo de Miguel Yuste: muy bien hecho.
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